Archivo de March, 2008
Pablo MM | 18/3/2008 | Archivado en Austria, Exposiciones | 1 Comentario

Hace ya 152 años nació en la provincia alemana de Friburgo Sigmund Freud, quien a la postre pasaría a la historia como el neurólogo más célebre de todos los tiempos. Pese a su origen alemán, Freud, que era judío, se trasladó siendo todavía un niño a Viena huyendo del profundo sentimiento antisemita que comenzaba a inundar Alemania, por lo que a todos los efectos, Freud es considerado un ciudadano austriaco más. Muy a pesar de sus paisanos, todo hay que decirlo, que sienten un profundo rechazo hacia el doctor, por sus teorías referentes al sexo, donde afirma que la sexualidad infantil es la protagonista principal del insconciente adulto. Pese a todo, la herencia de Freud en la sociedad austríaca es evidente.
El museo, ubicado en una oficina vienesa que el doctor utilizó como casa propia y despacho desde 1891 hasta 1938, cuando tuvo que huir a Inglaterra debido al acoso de las nazis, es una completa exposición sobre todo lo relacionado con su figura, además de contar con una amplia colección de obras que muchos artistas dedicaron a la personalidad del genial autor del psicoanálisis.

La mesa de escritorio, una réplica exacta del famoso diván (el original se encuentra en el Museo Freud de Londres), algunos de sus primeros estudios, escritos de su puño y letra, dibujos, bocetos o grabados, son solo algunas de las reliquias que cualquier visitante puede disfrutar en el museo. Además, una librería, una sala de lecturas, donde se realizan exposiciones, una tienda de regalos y la sala de espera de los antiguos pacientes completan las estancias de este particular homenaje a Freud.
-Datos de interés-
1. Dirección: Berggasse 19
2. Para más información, horarios y precios, visitad la web oficial del museo
Pablo MM | 18/3/2008 | Archivado en Alemania, Berlin, Europa, Hoteles | Sin comentarios


El hotel Propeller Island City Lodge, localizado en Berlín es sin duda un ejemplo de arte llevado al extremo. Considerado por muchos como el hotel más vanguardista del mundo, todas las habitaciones y objetos que conforman el peculiar diseño son creaciones del artista alemán Lars Stroschen.
Las 30 habitaciones son únicas, en el sentido más literal de la palabra. Los elementos decorativos son piezas únicas, y no se pueden encontrar en ningún otro sitio. Por eso, algunos, más que un hotel, consideran al Propeller Island City Lodge como un museo donde poder pasar la noche. Una gigantesca pieza de arte con la que poder dormir. Así que tened cuidado porque como vuestra faceta más patosa salga a pasear y se cargue algo, la factura puede ser curiosa.

Podéis encontrar habitaciones de todo tipo, a cada cual más excéntrica. Hay una decorada con jeroglificos egipcios, otra, un tanto macabro, os brinda la posibilidad de dormir en un ataúd, eso sí, de diseño. No aptos para claustrofóbicos es también la habitación con las camas dentro de una caja de madera de 2 metros de altura. Para los fans de los hospitales (si es que hay alguno) el hotel concede la oportunidad de pasar una placentera noche en una cama típica de hospital destinada a los huéspedes más “problemáticos”, ya que está “decorada” con unas cuerdas para atar brazos y pies. Hay otra ideal para ex-presidiarios con morriña o amantes de Prison Break. Una habitación-celda con el baño dentro del propio cuarto y un boquete en la pared. Hay un “aposento”, un poco agobiante, que está decorado completamente con espejos donde tendréis la sensación de estar durmiendo en un inmenso calidoscopio. También podéis escoger un cuarto donde los muebles están colgados de la pared, incluida la cama. ¿Y donde se duerme? Pues en unos colchones que se descubren al levantar unas trampillas que hay en el suelo.

Ya sabéis, si queréis pasar unos días en un hotel cuanto menos peculiar, el Propeller Island City Lodge es el sitio ideal. Y de paso conocéis Berlín, que no está nada mal.
-Para más información podéis visitar la página web hotel-
Pablo MM | 17/3/2008 | Archivado en Europa | 3 Comentarios

Turquía, considerada la gran amenaza de España en cuanto al turismo se refiere, esconde algunos paraísos que bien merecen una visita. Uno de esos lugares es la pequeña ciudad de Fethiye, al sur de Ankara, levantada sobre la ladera del monte Mendos y bañada por la bahía del mismo nombre que la ciudad. Fethiye no es ni mucho menos un descubrimiento y es que cada verano miles de turistas acuden en masa, atraídos por sus imponentes playas y lo reducido de sus precios (de los más baratos de Europa), que han eregido a la ciudad como uno de los puntos turísticos más visitados de Turquía.
La gastronomía, la vida cultural e incluso algún que otro museo ceden el protagonismo turístico a las playas, verdadero reclamo que hace que cada año miles de turistas, británicos y turcos en su mayoría, eligan Fethiye como el lugar para realizar la transición de blanco guiri a rojo-cangrejo-guiri.
Las playas más importantes son:
1. Oludeniz: Sin duda la más espectacular. Kilómetros de arena y agua cristalina, rodeada de vegetación salvaje con unas vistas únicas. En esta zona podéis encontrar pequeños hoteles donde pasar la noche, además de restaurantes, chiringitos y algunos bares de copas.

2. Calis: Muy cerca de la playa de Oludeniz. Extensa en longitud y poblada de turistas. Muy parecida a Oludeniz pero sin la naturaleza como acompañante. Si tenéis dinero (mucho) podéis alquilar un yate y fondearlo en esta playa. Calis también cuenta con todos los servicios necesarios para disfrutar de una buena comida.


3. Playa de Patara: Patara es un pequeño pueblo bañado por el mediterráneo situado a pocos kilómetros de Fethiye. Existen varios hoteles y pensiones a muy buen precio y sobre todo una playa, de arena dorada, famosa por ser la más larga del país.

Para completar vuestra visita no os podéis perder el mini crucero que recorre 12 islas de la bahía de Fethiye. Los barcos con una capacidad qe va de 50 a 150 personas zarpan del puerto entre las 10h y las 11h y regresan cuando cae la tarde, alrededor de las 18:30h. El precio incluye el almuerzo, generalmente pasta, pollo o pescado, acompañado de ensalada y fruta fresca.
-Para más información sobre Fethiye, pincha aquí
sara80 | 17/3/2008 | Archivado en Budapest | 1 Comentario

photo credit: encontrado.es
Si por algo es conocida la ciudad de Budapest es por sus impresionantes balnearios, el lugar ideal para relajarse y disfrutar si te decides a hacer una escapada a la capital de Hungría. Aunque, la variedad de centros dedicados a los tratamientos con aguas termales es muy amplia, hay un lugar que destaca entre todos ellos, el balneario Gellért, situado en una posición privilegiada que permite contemplar el río Danubio.
En la época medieval ya se conocía la existencia de una importante fuente termal en esta zona y, puesto que se confiaba en su poder curativo, se construyó allí un hospital. Posteriormente, en la época de la invasión turca, el edificio se convirtió en unos baños, que eran conocidos con el nombre de ‘Purgatorio’, puesto que sus aguas eran las más calientes de toda la zona de Buda. Las instalaciones actuales datan del año 1918 y están decoradas siguiendo los dictados del estilo modernista, tan en boga en aquella época, aunque sin renunciar al estilo típico húngaro y a ciertos toques orientales.

photo credit: hamadryades
Por eso, espectaculares columnas de mármol, estatuas, coloridos mosaicos de Zsolnay y ventanas salpicadas de vidrieras dan la bienvenida a todos aquellos visitantes que quieran transportarse al mundo del relax y el lujo de principios del siglo XX. Los techos de cristal y un elegante atrio de 700 metros cuadrados y dos plantas de altura es, quizás, lo más impresionante del conjunto.
Además de una decoración para dejar con la boca abierta, el balneario Gellért cuenta con piscinas de espuma, de agua fría, de agua caliente, de olas, exteriores y también para niños. Además, dispone de cabinas de masaje y saunas húmedas, es decir, todo lo necesario para recargar pilas y sentirse como un rey.
Pablo MM | 17/3/2008 | Archivado en Europa, Inglaterra, Londres, Transportes | Sin comentarios

La estación ferroviaria de St Pancras, inaugurada en 1876 en el norte de Londres, muy cerca de la nueva Biblioteca Británica, es el punto de partida de los modernos trenes Eurostar, además de ser la casa de los ferrocarriles CTRL, que une la capital británica con el Eurotúnel.

El edifico, con una imponente fachada de estilo victoriano, estuvo a punto de ser derribado en los años 60, pero las protestas ciudadanas lo impidieron. Entre los “salvadores” más activos se encontraban el escritor John Betjeman, honrado en la estación con una estatua (foto abajo), y el arquitecto Alastair Lansley, que junto a colegas de la talla de Norman Foster (¿hay algo que Foster no haya diseñado?), Philippe Starck o Martin Jennings, fue el principal responsable de la remodelación que en 2007 y con un presupuesto de más de 800 millones de libras, transformó el interior de la estación en un gigantesco recinto vanguardista que convirtió a St Pancras en una de las grandes referencias de la modernidad británica.

Los tonos azules que pretenden ser una prolongación “artificial” del cielo, los materiales nobles utilizados en el suelo, que amortiguan los chirriantes ruidos del ir y venir de las maletas, los gigantescos ventanales, que hacen innecesarios la luz artificial (de día claro), el pequeño centro comercial, con más de una decena de tiendas, los restaurantes, el mercado, donde poder adquirir productos frescos, flores o artesanía, o tomarse una copa de chardone (7 euros) en el bar de champán más largo de Europa (90 metros), han conseguido convertir a la estación en un espacio cultural y de ocio más de la ciudad, apto no solo para turistas y viajeros sino también para cualquier londinense que desee disfrutar del amplio abanico de opciones ofertadas.
El arte también está muy presente en la estación y aparte del homenaje al literato John Betjeman, del que ya he hablado con anterioridad, cabe destacar el gran reloj victoriano, replica exacta del que concibiera allá por el siglo XIX el relojero del Big Ben o The Meeting Place, una preciosa estatuta de 9 metros, obra del artista Paul Day, donde una pareja se funde en un romántico abrazo, representando el punto de encuentro que toda estación de tren ha de ser.

La estación de St Pancras se enfrenta en la actualidad a otra colosal reforma, y es que en 2009 está previsto la inauguración de un hotel de lujo de 250 habitaciones y 70 apartamentos de alto-standing.